|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Yovanny Paulino
Algunas personas opinan que no se puede comparar el amor que siente una madre por su hijo con el amor que podría llegar a sentir un padre por él. Dicen que la vida de una mujer cambia, que su cuerpo se transforma y que sacrifica cada pequeño nutriente con el que cuenta para ofrecérselo a su bebé.
Lo que no entienden es que el amor de una madre y el de un padre podrán llegar a ser distintos, pero jamás uno será inferior al otro. Aquellas personas no entienden que el cuerpo del hombre también se transforma y que su mente jamás vuelve a ser la misma. No comprenden que, mientras la madre se dedica 24/7 a cuidar a su hijo, ayudándolo a sobrevivir, el padre se dedica en cuerpo y alma a ayudarlos a ambos para que, en esa lucha, no les falte nada.
La madre inicia su batalla: ser la mejor mamá del mundo. El padre inicia la suya: cuidar de ellos. Y así comienzan las largas jornadas laborales, las noches en vela buscando alternativas para construir un futuro mejor y las ausencias mentales e incluso físicas, apostándolo todo al trabajo porque, en el fondo, sabe que esa es la mejor forma que encuentra para combatir sus miedos. Porque la paternidad comparte la misma meta: la madre cuida eternamente a sus hijos; el padre cuida eternamente a su familia.
Algunas personas no entienden que, dentro de la crianza, no existe la competencia. Solo existe el amor y el trabajo en equipo. Hoy se le dedica un día al padre, ese día que muchas veces pasa desapercibido. No lo pases por alto. Hoy, dale un abrazo a ese héroe que sale cada día a luchar por su familia. Si ya partió hacia la morada celestial, dedícale una oración; y si aún está a tu lado, dile con todo tu amor y cariño: ¡Muchas felicidades, papá!.

