“Por la dignidad del pueblo”
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Por Johnny Pujols secretario general
del Partido de la Liberación Dominicana (PLD)
Hace dos mil cuatrocientos años, en Atenas, vivió un hombre que nunca escribió un libro, que no fundó un imperio ni comandó ejércitos. Pero con algo tan sencillo como preguntar, incomodaba. Sócrates de Atenas, maestro de la duda y de la verdad, caminaba las calles conversando con jóvenes y obreros, con artesanos y políticos, enseñando a la gente a pensar.
Ese ejercicio tan simple —enseñar a pensar— fue interpretado como una amenaza. Y lo acusaron de corromper a la juventud, de no respetar a los dioses oficiales, de ser un hombre peligroso.
A mas de 2400 años, en el mundo y en la RD se trata de nuevo de recuperar la capacidad de pensar con claridad, hay tanta desinformación y tanta banalidad, que lo que está en juego no es solo una coyuntura política, sino la capacidad de pensar por nosotros mismos, de analizar los hechos más allá de los discursos, de discernir que se dice, quien lo dice, porque lo dice, cuando lo dice, para que lo dice, se trata también de no rendirse.
El momento es complejo. Y no podemos encararlo ni con cobardía, ni con silencio, ni solo con el cálculo practico y frio. En esta coyuntura, más que nunca, lo que se requiere es claridad ética, coraje político y un profundo respeto por la verdad. Para eso hay que ser muy valiente.
Hablar de valor requiere precisión. No es un impulso vacío, ni de gestos altisonantes. Hablo de una valentía serena, lúcida, fundamentada en principios, nacida de la conciencia y no de la consigna. Porque lo que enfrentamos no es solo una crisis de la imagen del partido de gobierno, que va a reaccionar de distintas maneras, ni una sucesión de errores de gestión. Lo que enfrentamos es una maquinaria discursiva montada para anestesiar el juicio del pueblo dominicano, invitarlo a aceptar sin preguntar, al desencanto y la abstención de las elecciones pasadas una señal primigenia y clara señal del efecto de todo esto.
Tener en valor también es pensar en plural, pensar en uno mismo, parece cómodo, fácil, a mí me resultaría extraordinariamente conveniente, porque razón estaría yo aquí o ustedes, si se tratara de cosas personales, que beneficio sacamos de esto, pero hay que tener mucho cuidado con ese discurso, con quienes te invitan a conformarte, a bajar la guardia, a mirar a otro lado. Al principio solo se pide callar. Es mirar al suelo porque conviene, cuando sabes que la dignidad te exige mirar al frente. Es adaptarse al cinismo y repetir, sin convicción, lo que le quieren que el pueblo repita, que «todos son iguales», que «esto no tiene arreglo», que «mejor no meterse», que es preferible recogerse, que yo no vivo de la política, y lamentablemente a veces son discursos que encontramos entre nosotros. Mucho Cuidado. Lo que se pide no es neutralidad. Es una forma pasiva de claudicar.
Esa idea no ha nacido espontáneamente. Es sembrada desde el discurso oficial, desde los medios, desde las plataformas que construyen sentido común a fuerza de repetirlo. Nos dicen que la única salida es aceptar el presente sin mirar atrás. Nos bombardean con la idea de que el pasado es malo, es pecaminoso. Como ese pasado no se puede superar con realizaciones, hay que destruirlo desde el discurso. Como sabemos que hoy el pueblo está peor y vive peor, es preciso reducir la historia. Pero había energía eléctrica abundante y barata, había circuitos veinticuatro horas, NO MIRES ATRAS; que yo vendí mi inversor, NO MIRES ATRAS; que había comida y que había empleo, no importa, no mires para atrás; que la despensa estaba llena y prosperábamos, no importa, NO IMPORTA. Porque recordar es blasfemia. Ese relato, además de falso, es peligroso.
Porque una sociedad que renuncia a mirar su pasado se convierte en una comunidad sin criterio, sin raíces, sin capacidad de juzgar ni de aprender. Nos dicen que no miremos atrás porque en ese atrás está la evidencia de que es posible un país con más oportunidades, más derechos y más desarrollo. No hay futuro sin verdad. Y no hay verdad sin memoria.
El pueblo está aguantando. Aguanta los precios. Aguanta los apagones. Aguanta el desempleo, la inseguridad, la falta de respuestas. Pero el pueblo no es tonto, y no es verdad que puede ser entretenido permanentemente. La paciencia del pueblo no es ignorancia, es aguante. Y el aguante tiene límite.
Por eso decimos que hay que ser valientes. Pero no la valentía de gritar, ni la de confrontar sin sustancia, ni la de agredir por agredir. Es la valentia de construir pensamiento crítico. La de volver a conversar con la gente, a organizar desde abajo, a formar liderazgos con sentido, no con presupuesto. Esa es el camino que nos toca, si nosotros tenemos el valor de recorrerlo.
Ser valiente es rearmar el vínculo con la ciudadanía sin caer en populismos. Es pararse en cualquier barrio, en cualquier campo, y decirle a la gente con respeto: «Luchamos por ti, mejoramos tu vida, probablemente debimos hacer mejor algunas cosas, pero creímos y apostamos a ti. Y queremos volver para hacerlo mejor, porque lo que nos inspira eres tú, pueblo dominicano». Esa es la valentía verdadera.
Y lo que vale la pena no es solo ganar una elección. Lo que vale la pena es que el pueblo viva mejor. Que tenga salud digna, educación de calidad, seguridad real, empleo justo, justicia oportuna e imparcial. Lo que vale la pena es que los dominicanos volvamos a sentir orgullo por lo que somos, no solo por lo que fuimos.
Ese es el sentido profundo de nuestra lucha. Y por eso la militancia del PLD no debe bajar la guardia. Porque cuando este país tuvo avances reales, cuando hubo estabilidad, derechos, inversión, progreso… este partido estaba en el gobierno. Y ahora QUE no lo estamos, también tenemos una responsabilidad: defender las conquistas logradas. Porque no son del PLD. Son del pueblo dominicano.
Por eso no podemos olvidarnos que el resumen de todo este trabajo, del que se ha hablado hoy, se consolida en dos acciones puntuales, una individual y una colectiva, una afectiva y una política. La primera es habernos reunido, compartido y socializado con los integrantes de nuestros comités de base tantas veces cada año, que sea natural el voto en 2028 y en términos colectivos junto con los demás compañeros del recinto haber visitado, tocado y conversado con los electores de nuestros recintos y colegios tantas veces que sea natural pedirles su voto y movilizarlos en 2028.
Fuera de la LOE la única otra evidencia de que hacemos lo que nos corresponde es dar la batalla en la comunicación, en medios tradicionales y en medios alternativos. Y esto comienza con la dirección del partido, no es posible que un compañero de la dirección no este presente en el debate público, en las redes. Especialmente IG, X y FB. No es algo difícil, aquí esta Carlos Segura (aplauso), es solo asumirlo y el CP debe poner ejemplo y el CC debe exigírselo. Salgamos ya de los grupos de WhatsApp ahí no hacemos nada. Todo lo que usted crea que debe hacer el partido, comience a hacerlo usted mismo.
Es decir, compañeros y compañeras, comencemos a construir el futuro que deseamos para este país, ese futuro, no se construye dando recomendaciones, esperando, tampoco desde el resentimiento, ni desde el oportunismo, eso al PLD no le luce, no le luce a un partido educado y con consciencia. El futuro se construye desde la coherencia. Y la coherencia empieza por uno. Por mí. Por ti. Por todos los que creemos que la política sigue siendo una herramienta para transformar la realidad.
No aceptemos la situación actual como verdad última. No permitamos que nos conviertan en espectadores inconformes pero resignados. Somos actores de la historia. Y si estamos aquí, es para escribir las próximas páginas con dignidad, con ideas y con el pueblo.
Con la convicción hoy más que nunca de que:
Quien no vive para servir, no sirve para vivir
Muchas Gracias.

