Primarias del PRM definirían más la cuota de poder de Carolina Mejía que el triunfo de David Collado.
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Por Alex G. Olivence
En política, una primaria no siempre se celebra únicamente para descubrir quién tiene más votos. En ocasiones, cuando la correlación de fuerzas parece inclinarse hacia una figura, el proceso interno también sirve para medir liderazgos, preservar la legitimidad partidaria y determinar el espacio que corresponderá a cada sector.
Desde esa perspectiva, las futuras primarias del Partido Revolucionario Moderno (PRM) podrían terminar siendo menos una consulta para establecer si David Collado puede imponerse y más una medición de la fuerza real que conserva Carolina Mejía dentro de la organización.
Esta interpretación no significa que la candidatura presidencial esté decidida ni que la militancia deba limitarse a ratificar un resultado previamente escrito. Ninguna encuesta sustituye el voto y ningún liderazgo puede declararse vencedor antes de competir. Sin embargo, si Collado llega al proceso con una ventaja amplia y sostenida, el dato políticamente más relevante podría ser el porcentaje alcanzado por Mejía.
Ese resultado definiría su capacidad de negociación, el peso de su corriente y el nivel de participación que tendría su equipo en la conformación del proyecto presidencial. También influiría en la distribución de responsabilidades partidarias, la integración del comando de campaña y la selección de espacios congresuales, municipales y gubernamentales dentro de una eventual estrategia común.
En otras palabras, Carolina Mejía no necesitaría necesariamente ganar las primarias para demostrar poder. Una votación significativa le permitiría presentarse como una dirigente indispensable para la unidad del PRM y como cabeza de un sector que no podría ser ignorado después de la contienda. Mientras mayor sea su respaldo, mayor sería su capacidad para reclamar participación en las decisiones fundamentales del partido.
Para David Collado, por su parte, no bastaría con llegar primero. Tendría que obtener una victoria suficientemente clara para consolidar su autoridad, pero también actuar con inteligencia para integrar a quienes compitan contra él. Una mayoría interna mal administrada puede producir resentimientos; una mayoría acompañada de acuerdos puede convertirse en una poderosa plataforma electoral.
Ahí radicaría el verdadero desafío del PRM. Si la organización convierte sus primarias en una lucha de eliminación, corre el riesgo de salir dividida. Si las utiliza para medir fuerzas y construir un pacto posterior, el proceso podría fortalecerla. La unidad no consiste en negar las diferencias, sino en reconocer el peso de cada liderazgo y establecer reglas que permitan convivir dentro de un mismo proyecto.
Carolina Mejía representa un liderazgo con identidad propia, vínculos internos y capacidad de movilización. Su participación obligaría a que cualquier eventual victoria de Collado tenga contenido político y no sea vista como una simple coronación. Al mismo tiempo, le permitiría organizar su fuerza, defender su espacio y proyectarse como una figura determinante en el presente y el futuro del partido.
Por eso, el porcentaje final tendría tanta importancia como el nombre del ganador. Una diferencia contundente podría facilitar una alineación rápida alrededor de Collado. Un resultado más cerrado, en cambio, obligaría a una negociación mucho más amplia y otorgaría a Mejía un papel decisivo en la conducción política del proceso.
Esta hipótesis debe asumirse como lo que es: una lectura del posible escenario interno, no como la confirmación de un acuerdo entre dirigentes. Todavía faltan decisiones, alianzas y movimientos capaces de modificar el panorama. Pero en política, las primarias no solo escogen candidaturas; también establecen jerarquías, revelan estructuras y definen quiénes tendrán voz en la mesa donde se reparta la responsabilidad de conducir el proyecto.
Si la tendencia favorable a David Collado se mantiene hasta el momento de votar, la pregunta principal podría dejar de ser quién ganará. La verdadera incógnita sería con cuánto respaldo llegará Carolina Mejía y qué cuota de influencia política le reconocerá el PRM después de contar los votos.

