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Redes, desinformación y el reto político del PRM

Redes, desinformación y el reto político del PRM
Redacción
  • Publishedenero 22, 2026
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Por: Ángel Ruiz-Bazán

Por estos días se ha desatado una ofensiva clara y sostenida en redes sociales contra el PRM y el gobierno. No se trata de crítica responsable ni de debate democrático, sino de una campaña articulada de descrédito, basada en rumores, falsedades y montajes comunicacionales cuyo objetivo es minar la confianza pública y crear una percepción de caos donde no la hay.

Los recientes intentos de sembrar pánico hablando de una supuesta quiebra del Banco de Reservas o del Banco Agrícola son una muestra peligrosa de hasta dónde puede llegar la desinformación. El Banco Agrícola, aun sin operar bajo lógicas estrictamente comerciales, es un banco de fomento con respaldo del Estado. Sin él, sencillamente, no habría sostenido producción de arroz, cacao, tabaco, víveres o leguminosas. Fue clave tras la pandemia, cuando colocó préstamos a tasa cero para que el campo dominicano no colapsara. Atacar estas instituciones no es un juego político: es atentar contra la estabilidad económica y alimentaria del país.

La misma estrategia se aplica al plano personal. Se intenta erosionar la credibilidad de funcionarios mediante “investigaciones” sin rostro, videos sin sustento y narrativas propias de la chismografía digital. No se busca establecer la verdad; se busca contaminar la percepción.

El caso SeNaSa es paradigmático: un gobierno que detecta irregularidades, investiga y somete a los responsables termina siendo atacado como si fuera encubridor. Vale preguntarse, con memoria histórica, qué habría ocurrido hace 10 o 15 años ante hechos similares. Hoy, la judicialización demuestra un cambio real, pero el discurso adverso intenta invertir los papeles.

La oposición seguirá atacando por todos los flancos, financiando espacios digitales que viven de denigrar sin pruebas. Eso no se detendrá. Por tanto, partido y gobierno no pueden actuar como entes separados. En la práctica, son una misma fuerza política y deben comportarse como tal.

Se impone una estrategia clara: comunicar más y mejor, desmontar mentiras con datos, y rescatar la memoria colectiva sacando a la luz, con expedientes y hechos, los grandes casos de corrupción del pasado reciente, no por revancha, sino para que el país no pierda perspectiva.

Hay un activo político incuestionable: un presidente, Luis Abinader, cuya figura no está asociada a escándalos de corrupción y una gestión que ha hecho de la transparencia un eje central. Ese capital no puede administrarse con pasividad. Requiere una maquinaria partidaria activa, capaz de defender lo logrado y proyectar futuro.

Esto apenas comienza. En política, callar no neutraliza: solo deja espacio. Unir fuerzas, cerrar filas, actuar con mayor dinamismo y comunicar con inteligencia ya no es una opción. Es una necesidad estratégica.

 

 

Nota:»La Prensa Tras La Verdad.Se reserva el derecho de publicar trabajos de Opinión u otras categorías,con errores de sintaxis/redacción. Como también no somos responsables de los conceptos emitidos por su autor»

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