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Danilo Cruz Pichardo
Hasta ahora todas las encuestas de opinión publicadas, en lo que va de año, señalan que ninguna de las tres organizaciones mayoritarias cuenta con el 50% más un voto requerido constitucionalmente para ganar un certamen de carácter presidencial. El mejor posicionado, en la mayoría de los estudios, es el PRM, pero el resultado más generoso apenas le ha otorgado un 34%, oscilando en casi todas entre el 27 y el 30%, seguido por la Fuerza del Pueblo que ha estado bailando entre el 23 y el 27%, mientras en el tercer lugar aparece el PLD con estadísticas que se mueven entre el 18 y el 23%.
Dependiendo de las circunstancias y la evolución del panorama político esos números podrían variar favorablemente o desfavorablemente hacia una u otra entidad, pero sin mayores ilusiones, si partimos de la investigación que realizó el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), por encargo de la Junta Central Electoral, para determinar las causas de la alta abstención en los comicios de 2020 y 2024, donde salió a relucir falta de confianza en los partidos, el clientelismo y las pobres ofertas en candidaturas presentadas por las organizaciones que llevaron a mucha gente a no sufragar.
Indistintamente de la motivación de la población, el torneo de 2028 se celebraría en lo municipal en el mes de febrero y en lo legislativo y presidencial en mayo. Y para tales fines la dinámica iría en aumento cada vez más desde el PRM, Fuerza del Pueblo y PLD, organizaciones que tienen que escoger sus candidatos por ley, a todos los niveles, a más tardar el año entrante. Es una tarea pendiente, igualmente, para los denominados partidos minoritarios.
Hay que destacar el gran esfuerzo que hace el PLD para su clasificación al balotaje o segunda ronda, pero todavía no ha podido colarse entre los dos primeros lugares. De mantenerse el PRM y la FP ocupando las principales posiciones, el PLD se quedaría fuera de competencia por el poder político, pero con una enorme capacidad decisoria en la escogencia del próximo jefe de Estado. Lógicamente definir posiciones y candidaturas anticipadamente, a esta fecha, cae en la subjetividad. Nada está definido.
Lo que más definido luce es la disputa por la candidatura presidencial del PRM entre David Collado y Carolina Mejía. El primero viene encabezando encuestas, pero de la segunda se dice que es quien ejerce mayor control de la estructura partidaria, que a fin de cuentas es la que puede decidir finalmente.
Sin embargo, Tenemos el precedente de las internas del PLD de 2007. Siempre se dijo que Danilo Medina tenía el control de la estructura del partido morado, pero al momento de los comicios internos se impuso el entonces presidente de la República, Leonel Fernández, un 72% contra un 28%. Palabras de Danilo: “El Estado me venció”.
Carolina Mejía, en el PRM, no solo está compitiendo en una sociedad machista, que nunca ha tenido a una presidenta, ni siquiera a una candidata presidencial por uno de los partidos mayoritarios, sino contra los sectores empresariales más poderosos del país. Es demasiado decir. Pero súmele lo siguiente: el presidente Abinader está apoyando a David Collado, producto de compromisos con esos mismos empresarios.
Luis Abinader no ha sido un presidente para todos los dominicanos, se trata del presidente de las élites empresariales. Siendo así en el plano nacional, ¿qué le dice a usted que sería imparcial como presidente del PRM, organización muy poco tomada en cuenta por él en los 6 años que lleva en el poder?
Empresariado y Gobierno juntos, en un país donde gran parte de la gente pobre vende el voto, lleva a pensar que los resultados de las primarias del PRM serían una réplica de las del PLD de 2007, donde los números fueron un 72% contra 28%. Carolina Mejía podría expresar palabras de Danilo (aunque agregando algo más): “El Estado y los empresarios me vencieron”.
Empero, Carolina Mejía sería convertida en víctima y para el PRM armar una boleta que oferte percepción de unidad la necesita como candidata vicepresidencial sí o sí, contrariamente David Collado sería el candidato de un partido dividido y cargando con todo el descrédito de un gobierno corrupto y que ha traído retroceso en los servicios públicos. Por más alternativas que se barajen los números podrían resultarle insuficientes al oficialismo.
Carolina e Hipólito, ante ese juego sucio, podrían armar una fórmula viable con el PLD. No olviden que Hipólito Mejía y Danilo Medina son socios y ambos anhelan una alianza electoral, la cual podría meterlo eventualmente en competencia para la segunda ronda. Es la razón que lleva a la conclusión de que ninguno de los tres partidos está descartado, pero al mismo tiempo seguro de nada.
En otro orden, la Fuerza del Pueblo es la organización que menos problemas internos presenta. Internamente Leonel Fernández es el líder indiscutible, pero según las encuestas su hijo, Omar Fernández, goza de mayor aprobación hacia afuera, conectando muy bien sobre todo con segmentos juveniles y femeninos. Es un activo que esa organización no debía electoralmente desaprovechar. Hubo una encuesta, inclusive, que dijo que era el único que estaba en condiciones de ganar en primera vuelta. Pero si no gana en primera, tendría el acelerador y el espacio necesario para crecer y ganar en una segunda, porque no tiene rechazo y es amigo hasta de Danilo e Hipólito.
En un escenario de segunda ronda, como el que tenemos en República Dominicana, con miras a las elecciones de 2028, no es determinante necesariamente quedar arriba en la primera vuelta. En la segunda, muchas veces, se impone el que menos rechazo tiene de los dos que compiten, como en efecto ocurrió en 1996, cuando Peña Gómez ganó la primera con un 46% contra un 39% de Leonel Fernández.
Pero en la segunda Balaguer volcó casi todos los votos del Partido Reformista (que obtuvo un 15%) hacia el candidato del PLD y los cómputos finales fueron 51.25% contra 48.75%.

