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Entre versos y Párrafos

Entre versos y Párrafos
Redacción
  • Publishedjunio 24, 2026
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NACÍA UN POETA Y ABOGADO PUERTOPLATEÑO, EL CUAL MOCA LO TOMÓ COMO SU HIJO ADOPTIVO……«JUAN ALBERTO PEÑA LEBRÓN».


Por Ángel Vladimir Bencosme.

Poeta representante de la Generación del ’48 y jurista dominicano, originario de Estero Hondo, Puerto Plata, radicado en Moca. Participó activamente en la formación de las principales instituciones de esa localidad, entre las que sobresalen: Asociación para el Desarrollo de la Provincia Espaillat, Asociación Mocana de Ahorros y Préstamos para la Vivienda, grupos profesionales, literarios y de gran empuje para el desarrollo económico, social y cultural de Moca.

Juan Alberto Peña Lebrón es comparado con una especie en peligro de extinción. Es de esos seres que dejan una huella imborrable. Perteneció a una generación de jóvenes con sobradas ideas libertarias muchas de las cuales se expresaron a través de la poesía.


Nació un 23 de junio de 1930 en Estero Hondo, Luperón, provincia de Puerto Plata, pero es mocano de corazón, cuerpo y alma. Allí, Juan Alberto Peña Lebrón plantó sus raíces junto a su esposa Remigia Comprés, y distinguió su prominente carrera como Doctor en Derecho.

El poeta, abogado, ensayista y profesor universitario, a sus 89 años, luce ávido y dispuesto. Tiene un espacio en la historia como miembro fundador de la Generación del 48 y por su única, pero eternizada obra de poemas, “Orbita inviolable” (1953).

Se inicia en las letras publicando, en 1948, en la sección «Colaboración Escolar» de El Caribe, creada y dirigida por María Ugarte, firmando sus trabajos con el nombre de Agripino Peña Lebrón, nombre que luego cambia legalmente por el de Juan Alberto. Se le considera uno de los miembros de la llamada Generación del 48. Después de una primera etapa nerudiana, la influencia que más ha perdurado en él es la poesía de habla inglesa, sobre todo la de Thomas Stearns Elliot (1888-1965). Es autor del poemario, titulado «Órbita inviolable», publicado en el año 1953, y prólogo de Máximo Avilés Blonda.

La poesía vive a su lado en forma de flor inextinguible. Desde su hogar, ubicado próximo a la Catedral de Moca, ha visto pasar varias generaciones. La cantidad de libros que componen su biblioteca refleja su pasión lectora que, aunque relevada por los andares de la abogacía, no ha descansado. Como tampoco morirá su poesía.

Peña Lebrón ha formado parte de la creación de las principales instituciones de desarrollo de su región: sociales, culturales y literarias, como la Asociación para el Desarrollo de la Provincia Espaillat y la Asociación Mocana de Ahorros y Préstamos para la Vivienda.

La Generación del 48

En la literatura dominicana al grupo de poetas compuesto por Máximo Avilés Blonda, Juan Alberto Peña Lebrón, Ramón Cifré Navarro, Abel Fernández Mejía, Lupo Hernández Rueda, Juan Carlos Jiménez, Rafael Lara Cintrón, Luis Alfredo Torres, Rafael Valera Benítez, Abelardo Vicioso y Víctor Villegas, que dieron a conocer sus primeros escritos en la Sección Escolar del periódico El Caribe, dirigida por María Ugarte en mayo de 1948.

El primero en publicar fue Máximo Avilés Blonda; luego, Rafael Lara Cintrón, Alberto Peña Lebrón, Abel Fernández Mejía, Abelardo Vicioso y Lupo Hernández Rueda. Por la calidad de las publicaciones, dejaron la sección escolar para pasar a una página dominical.

En el poema “Salutación de Job”, el narrador personaje, ante el callejón sin salida, invoca el magnicidio que de seguro le evocó la memoria de lo sucedido a Lilís el 26 de julio de 1899 y se adelanta a lo que sucedería el 30 de mayo de 1961:

«Yo pregunto dormido, yo pregunto despierto,
a medio día, en la oscura ciudad, en la calle partida
por la muerte, en el desvencijado atavío de la suerte,
en este orden de cosas, de besos sin control,
de medidas, de fiebre, de órganos satisfechos.

¿Qué caos, qué rueda de marfil descifra
la última gota de un suspiro, el llanto de un violín,
la paciencia agotada del hombre perfecto?
Porque ya es necesario, es justo, es suficiente,
tenerlo todo o nada, comunicar lo perdido,
entregarnos al arma homicida, derribar la botella,
hundir el dedo indice en la masa,
hundir la rota tabla, la última salvación.»

 

 

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