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Por Tony Salomón
Que quede claro: La Hispaniola es una isla, pero en ella existen dos repúblicas: Haití y República Dominicana.
La Hispaniola no fue fundada como territorio, porque ya existía geográficamente y estaba habitada por pueblos indígenas, entre ellos los taínos, quienes la identificaban con nombres como Quisqueya. Lo que ocurrió el 5 de diciembre de 1492 fue la llegada de la expedición de Cristóbal Colón a sus costas durante su primer viaje a América, dando inicio al proceso de colonización europea.
Un reciente torneo de fútbol vuelve a poner en evidencia las distintas interpretaciones que determinados sectores pretenden imponer sobre nuestra realidad territorial y nacional.
Lo ocurrido resulta, cuando menos, preocupante: el equipo de la República Dominicana terminó jugando como visitante en su propio territorio.
El estadio fue ocupado masivamente por ciudadanos haitianos, mientras desde las gradas se expresaban manifestaciones que muchos dominicanos percibieron como una provocación a nuestra identidad nacional. Y, para mayor preocupación, al finalizar el partido, un integrante del equipo haitiano habría pronunciado la frase: “Esto es Haití”.
No. Esto no es Haití. Esto es República Dominicana.
Conviene recordar que la presencia histórica de población africana en la parte occidental de la isla estuvo vinculada al proceso colonial francés, consolidado mediante el Tratado de Ryswick de 1697, cuando España reconoció formalmente el dominio francés sobre la parte occidental de la isla.
Para entonces, la parte oriental tenía una historia colonial española de más de dos siglos. No se puede borrar la historia, ni modificarla mediante consignas, símbolos o manifestaciones de ningún tipo.
La cuestión que hoy debe preocuparnos no es la convivencia entre los pueblos, que debe estar sustentada en el respeto y el cumplimiento de las leyes. La verdadera preocupación es otra:
¿Qué está pasando con los políticos dominicanos que permanecen en silencio frente a expresiones que pueden interpretarse como desconocimiento de nuestra soberanía, nuestras instituciones y nuestra identidad nacional?
¿Dónde están las voces de quienes tienen la responsabilidad de defender la institucionalidad de la República Dominicana?
¿Por qué quienes hoy dirigen la nación parecen mostrarse indiferentes ante situaciones que generan legítima preocupación entre los dominicanos?
¿Será que preservar el poder político está comenzando a colocarse por encima de la defensa de nuestra nacionalidad?
Nadie cuestiona el derecho de un extranjero a vivir, trabajar, estudiar o visitar nuestro país dentro del marco establecido por las leyes. Pero una cosa es respetar los derechos de los extranjeros y otra muy distinta permitir que se desconozcan las leyes, la soberanía y los símbolos de la República Dominicana.
La convivencia no puede construirse sobre la indiferencia.
La solidaridad tampoco puede convertirse en renuncia a la soberanía.
Y ningún proyecto político, económico o internacional puede estar por encima de la República Dominicana.
Haití es Haití. República Dominicana es República Dominicana.
Compartimos una isla, pero somos dos Estados, dos pueblos, dos historias nacionales y dos soberanías.
Defender esa realidad no es xenofobia. Es defender la institucionalidad, el territorio y el derecho de una nación a preservar su identidad.
Hay que respetar el estatus legal de todo extranjero, pero, sobre todo, hay que hacer cumplir las leyes de la República Dominicana.
Porque cuando el Estado deja de hacer valer sus propias leyes, no desaparecen las fronteras: desaparece la autoridad que las protege.

