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Artículo 32
Por: Yoarem Monegro
La Ley 30 de las 48 leyes del poder de Robert Greene, fuertemente inspirada en la filosofía política de Nicolás Maquiavelo, establece: «Haga que sus logros parezcan no costar esfuerzo». Esta estrategia se basa en la premisa de que las acciones deben parecer naturales, fluidas y ejecutadas con absoluta facilidad. Al ocultar el arduo trabajo, la rigurosa planeación y los artificios detrás del éxito, se construye un aura de genialidad, poder e invulnerabilidad.
En la geopolítica contemporánea, las ciberamenazas y el crimen transnacional, los actores ilícitos aplican esta estrategia de manera sistemática y casi inconsciente. Han normalizado sus operaciones hasta transformarlas en una narrativa que vende el delito no como una transgresión, sino como un arte y un lujo. Las publicaciones en sus redes sociales generan contenidos de alto crecimiento que corren en paralelo con la expansión de sus actividades delictivas. Las grandes plataformas digitales y la internacionalización a un solo clic —impulsadas por el desarrollo tecnológico— se han convertido en sus principales vectores de propaganda.
Hemos normalizado el éxito edificado sobre lo ilícito a tal extremo que estos actores son presentados públicamente como ejemplos de superación. Es imperativo advertir que la apertura democrática, la libertad de comunicación y el derecho al libre pensamiento han sido instrumentalizados y transformados en el impulso definitivo para este detrimento social. Hoy en día, los medios otorgan con alarmante facilidad una entrevista para difundir dinámicas de narcoterrorismo, microtráfico, cibercrimen e incluso explotación sexual, en lugar de promover de manera sana a profesionales exitosos o emprendedores que han surgido bajo el marco del debido cumplimiento, salvo contadas excepciones.
La problemática no radica únicamente en quienes cometen el delito, sino en la cuota de responsabilidad de aquellos que se dedican a promover estas acciones como un estilo de vida aspiracional. Existe una línea muy estrecha en la conceptualización del éxito: no es lo mismo ser exitoso dentro del ordenamiento jurídico que serlo mediante la comisión de delitos y crímenes. La internacionalización de la criminalidad a través de mecanismos mediáticos es una estrategia de marketing diseñada para potencializar el negocio; razón por la cual este contra-modelo cultural ha calado profundamente en la juventud.
Los tiempos avanzan y la globalización ha traído consigo un avance del cual el cibercrimen es hijo directo. Sin embargo, la promoción activa de quienes lideran estas operaciones ilícitas no cesa, bajo la premisa de que «quien entra no sale». La reinserción y la recuperación en estos entornos no operan como una enfermedad con medicina fija; en este submundo, el silencio y la pasividad también constituyen métodos operativos. Quienes utilizan las plataformas comunicacionales para validar estas actividades en la región del Caribe cuentan con un respaldo mediático abierto, pero ignoran que el margen de consecuencias legales y estructurales sigue activo.
Esta región enfrenta otra vulnerabilidad crítica: su porosidad para alojar a ciudadanos de todo el mundo, facilitando flujos migratorios mixtos y complejos sin mayores filtros. Esto propicia la creación de paraísos fiscales de facto dentro del territorio y múltiples metodologías para lavar —y no precisamente ropa—. Los esquemas abarcan desde alianzas menores para borrar huellas dactilares y financieras, hasta redes de «grandes ligas» que instrumentalizan a personas en posición de retiro o pensión por avanzada edad. El crimen organizado transnacional no reconoce límites ni fronteras.
Frente a esta realidad, el marco jurídico penal dominicano es tajante. El Artículo 265 del Código Penal Dominicano tipifica de manera estricta la asociación de malhechores, penalizando a toda asociación formada, cualquiera que sea su duración o el número de sus miembros, con el objeto de preparar o cometer crímenes contra las personas o las propiedades. Esta tipificación se entrelaza de forma directa con la Ley No. 155-17 contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo, la cual persigue penalmente las maniobras destinadas a ocultar, disimular e integrar bienes de origen ilícito en la economía formal, desmantelando el soporte financiero que sostiene a estas estructuras criminales.
A nivel internacional, los informes estratégicos de la Administración del Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA) advierten con rigor sobre este fenómeno: las organizaciones criminales transnacionales han dejado de operar exclusivamente en la clandestinidad táctica para mutar hacia redes híbridas que explotan las vulnerabilidades logísticas, corporativas y mediáticas de los Estados insulares, utilizando los flujos comerciales legítimos como un escudo perfecto para sus operaciones de tráfico e inteligencia financiera.
Por su parte, la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL) desempeña un rol operativo crucial a nivel global al coordinar los mecanismos de localización y captura con fines de extradición de aquellos prófugos que cometen delitos transnacionales. Bajo los principios del derecho penal internacional, se promueve que los criminales rindan cuentas y paguen por sus delitos en la jurisdicción de mayor impacto o donde causaron el principal daño social, Independientemente de que intenten evadir la justicia residiendo o resguardándose en paraísos fiscales.
Asimismo, el desempeño de INTERPOL y las alertas rojas de cooperación internacional dejan claro que el estatus de libertad no es un cheque en blanco: aquellos extraditados que ya cumplieron una condena previa, pero que reinciden y se reincorporan a las estructuras delictivas, pierden de inmediato el goce de su libertad fáctica y son plenamente sujetos a nuevos procesos de persecución, captura y enjuiciamiento global.
Bajo este análisis de seguridad nacional, se evidencia una preocupante pérdida de control territorial en la región Este de la República Dominicana, donde bandas de origen haitiano operan respondiendo a intereses de actores locales, blindando sus actividades mediante salvoconductos amparados en fachadas empresariales. No se trata de extorsión convencional ni de un simple peaje; ambas partes ejecutan de forma perversa el método de negociación de «ganar-ganar» de Harvard, pues de lo contrario, la realidad fáctica sería otra.
La arrabalización y la paulatina haitianización del Este no es un fenómeno fortuito. Es el resultado histórico de la inserción descontrolada de mano de obra y de la contratación hotelera a bajo costo, a sabiendas de la condición de irregularidad migratoria o del uso de documentación falsa de estos trabajadores; omitiendo que, independientemente de su ubicación geográfica, estos flujos mantienen intactas sus raíces e identidades político-culturales. Ser cómplice es grave, pero incurrir en acciones que configuren una traición a la patria —a la luz de los principios de nuestra Constitución Nacional— nos obliga a una profunda reflexión.
Existen múltiples formas de traicionar a la patria. Se traiciona cuando se orquestan campañas de destrucción moral contra ciudadanos que actúan correctamente por el solo hecho de no alinearse a intereses fácticos. Se silencia a la patria cuando se respaldan actos ilícitos y se condena al olvido a quienes disienten. De igual manera, se colabora con la erosión de la soberanía dominicana cuando se utiliza la bandera nacional como prenda interior en videos musicales o se instrumentalizan los medios de comunicación para promocionar una falsa identidad dominicana desprovista de valores.
Hemos sido testigos de cómo ciudadanos extranjeros ingresan al territorio nacional a denigrar la identidad y los valores patrios en tono de burla y, a pesar de ello, mantienen su estatus de residencia. Cabe preguntarse: ¿en qué momento el Estado ejercerá su facultad soberana para declarar a estos individuos como personas no gratas?
Hoy más que nunca se requiere una reingeniería del pensamiento colectivo y estratégico para modificar el rumbo de la República Dominicana, no solo en la esfera económica, sino en el ámbito social, humano, de seguridad y de comunicación. Si los planes de contingencia previos fracasaron, es mandatorio cambiar la estrategia en todos los niveles.
Enfrentamos una presión demográfica sin precedentes de la población vecina. El desafío ya desbordó la línea fronteriza; es un problema de tasa poblacional, de choque cultural, de identidad y de seguridad nacional. El debate urgente debe centrarse en cómo ejecutar las repatriaciones soberanas y cómo depurar de manera integral las instituciones del país. Esto es lo que debemos resolver con urgencia si aspiramos a un mañana que no replique los escenarios de crisis migratoria y mutación identitaria que hoy afectan a Europa o a los Estados Unidos.
El reciente panorama político en los Estados Unidos es el resultado directo de haber permitido que una inmensa masa de población extranjera se legalizara y ejerciera derechos políticos ciudadanos. La identidad estadounidense actual es una mutación cultural que recibe fuertes influencias musulmanas, africanas, árabes y judías, sumada al peso demográfico de los latinos que han arropado la federación.
En la región del Caribe, la República Dominicana opera peligrosamente como el «Estados Unidos» de la zona: un territorio donde las leyes están escritas pero su aplicación es selectiva, donde las relaciones de influencia pesan más que los títulos académicos, y donde las economías delictivas se fortalecen al aliarse con quienes controlan los sectores marginados para consolidar un dominio combinado. El escenario se torna aún más complejo cuando los deportados regresan de inmediato a sus raíces criminales en el país. El entramado con el crimen internacional establecido en suelo dominicano es robusto, y su peligrosidad se potencia cuando las plataformas públicas continúan promoviendo la criminalidad como un estilo de vida exitoso.
@yoaremmonegro
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La autora es Licenciada en Relaciones Internacionales posee Exequatur, maestría en Defensa y Seguridad Nacional, Maestría en Diplomacia, Postgrado en Geopolitica, especialista en Narcotráfico y Terrorismo internacional. Es docente, Asesora de Tesis para contenido.

